
Anoche soñé que dormía, en esta ocasión fue mi hijo no nato quien me susurró. Tenía miedo de no jugar conmigo a la pelota, de no merendar nunca pan con chocolate, de no ver mi mirada complice, de no rozar mi piel, de no oler ese aroma que sólo un bebé reconoce...y todo sin decirme nada.
Se me escurrió una lágrima y un hueco como un abismo se abrió en mi entraña doblándome del dolor. No pude reprimir un chillido sordo al darme cuenta de que yo tenía el mismo miedo. Un miedo que sólo se explica por la seguridad de que no podría ser, pues su padre no llega nunca para despertar a ese niño que tengo dormido en mi vientre.
Se me escurrió una lágrima y un hueco como un abismo se abrió en mi entraña doblándome del dolor. No pude reprimir un chillido sordo al darme cuenta de que yo tenía el mismo miedo. Un miedo que sólo se explica por la seguridad de que no podría ser, pues su padre no llega nunca para despertar a ese niño que tengo dormido en mi vientre.
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